Veinte años dando clases.

Veinte años entrando a un salón con la convicción de que lo que enseño importa. De que alguien del otro lado está escuchando. De que algo de lo que digo va a quedar grabado en alguien.

Veinte años. Y ese martes sucedió algo diferente.

Llegué a la facultad buscando lugar para estacionarme.

La ley de la atracción funcionó — encontré uno justo al lado de una compañera que tenía el carro encendido y la mirada perdida. Muy pensativa. Demasiado pensativa para ser las 9 de la mañana.

Me bajé a saludar.

“Ya no sé qué hacer, Javier.”

Eso me dijo.

Ella acababa de salir del grupo al que yo iba a entrar. Excelente maestra. De las que sí se preparan, de las que llegan con presentación, con ejemplos, con ganas. De las que creen que si tú te esfuerzas, ellos responden.

“Me esfuerzo en dar una buena clase, les traigo una buena presentación para que entiendan, y nada funciona. Es como hablarle a una pared.”

Me subí al salón pensando en lo que me dijo.

Entré. Los miré.

Unos con el teléfono. Otros platicando. Otros pensando en la inmortalidad del cangrejo.

Hice una pregunta. Algo básico. Materiales de obra. Una de mis materias.

Silencio.

No el silencio del que piensa. El silencio del que no le urge saber.

Y ahí, parado frente a ese silencio, entendí por qué nació Constructor de Mentalidades.

Pero eso no lo supe ese día en el salón.

Lo supe días después, leyendo un newsletter de mi amigo Alberto Fortes https://substack.com/@albertofortes.

Alberto escribió una analogía del inversionista a largo plazo y el bambú chino.

El bambú Se planta. Se riega. Se fertiliza. Con constancia, con disciplina, con recursos.

📅 Primer año: nada.

📅 Segundo: nada.

📅 Tercero: nada.

📅 Cuarto: nada.

Cinco años mirando tierra vacía.

Y en el quinto año, el bambú brota. Y en seis semanas crece más de 27 metros.

Lo leí y algo hizo clic.

No fue una lectura. Fue una señal.

Porque lo que Alberto describía no era solo una planta. Era exactamente lo que yo había estado sintiendo sin poder nombrarlo. Era mi colega en el estacionamiento con el carro encendido. Era yo parado frente a ese silencio en el salón. Era mi proyecto Constructor de Mentalidades.

Éramos nosotros. Regando tierra que todavía no muestra nada.

El sistema les vendió a mis estudiantes un cuento muy conveniente.

Ve a la escuela cuatro años, titúlate, y empieza a ganar dinero.

Lineal. Predecible. Cómodo.

❌ Error.

Ahora la carrera la redujeron de cuatro años y medio a cuatro. Materias que antes veías en sexto semestre, ahora las ves en segundo. Sus tiempos son otros. El nivel les exige más. Y ellos siguen creyendo que con estar presentes en clase es suficiente.

No entienden que el mundo afuera no espera títulos.

Espera personas que ya hayan construido algo.

Y construir algo toma tiempo que nadie ve.

Viven en el mundo de la pantalla. 📱

Ven al tipo de 24 años viajando por el mundo, tomando café en una terraza en Lisboa, publicando desde su laptop. Y creen que eso les va a pasar en cuanto se titulen.

No ven las raíces.

La cámara solo captura el brote.

Nunca los cinco años de tierra vacía.

Lo que yo les insisto — y te lo digo a ti también, que estás leyendo esto — es simple:

⚡ El que empiece primero, gana.

No el más inteligente.

El que empiece a construir raíces cuando todos los demás todavía están esperando señales de que vale la pena.

✅ Busca más allá de la teoría.

✅ Hoy está todo a la mano para el que quiere estudiar.

✅ No hay excusa de acceso. Solo hay excusa de actitud.

Profundiza en una materia. Luego en otra. Sal al campo cuando los demás están en el sofá. Construye el hábito antes de que haya presión para tenerlo.

Cuando salgas de la carrera, llevarás ventaja.

Y los que esperaron van a tener que plantar sus raíces en el peor momento: cuando ya no hay tiempo, cuando ya hay presión, cuando ya tienen que producir.

La maestra se fue con ese sentimiento.

Yo me fui al salón.

Y esa noche, leyendo el newsletter de Alberto “El Patrón Invisible: No interrumpir el Proceso”, entendí que la maestra y yo somos bambú.

Que Constructor de Mentalidades son mis raíces.

Que llevo años regando en silencio — en salones, en conversaciones, en pasillos — sin ver todavía todo lo que va a brotar.

Pero las raíces están ahí.

Más profundas cada día. 🌱

Y si logro sembrar aunque sea una semilla en uno de esos estudiantes que hoy está mirando el teléfono, ese estudiante va a salir de la carrera diferente.

No más inteligente.

Diferente.

Con raíces.

Eso es lo que todos los maestros deberíamos incluir en nuestras clases.

No solo conocimiento.

Mentalidad.

Porque un carácter fuerte construye una mentalidad fuerte.

Y una mentalidad fuerte construye todo lo demás.

Sigue regando. 💧

Aunque no veas nada. Aunque nadie te esté mirando. Aunque el salón esté en silencio.

Las raíces no necesitan público para crecer.

Y nosotros tampoco.

¡Gracias por estar aquí!

Nos vemos el siguiente lunes.

Javier Chávez

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